sábado, 21 de enero de 2017

RETO EN VESPA. MARRUECOS 2016: Tarifa - Xaouen

Día 1: Madrid - Ciudad Real
Día 2: Ciudad Real - Tarifa


DÍA 3. Sábado 19 de marzo
VALDEVAQUEROS (TARIFA)-CHEFCHAOUEN (TARIFA) (157 km)






Desde la falda de la colina donde se encontraba el camping se escuchaba al Atlántico bramando en calma contenida setecientos metros más allá.

El día amaneció gris y con una lluvia ligera que descolorió el acto de salida que teníamos previsto en Valdevaqueros. Pero eso no minó los ánimos de todos los participantes que se embarcaban en esta nueva edición del Desafío en las Dunas.



Mientras desayunábamos fueron llegando los últimos equipos, incluyendo los SoulCamper, que se habían quedado atascados en la playa debido a la lluvia (la tarde anterior les pareció buena idea pasar la noche junto al mar, hasta que empezó a llover…).

Preparándose antes de salir

Tras colocar las pegatinas en los vehículos y recoger los roadbooks fuimos saliendo hacia el puerto de Tarifa, muchos de nosotros en caravana. Yo me sentía exultante con mi pequeña Vespa rodeado de otros moteros en sus máquinas de trail. Era la admiración de la mitad de ellos (la otra mitad pensaba que estaba loco). Aunque el día fuera gris y lloviera ligeramente, yo brillé por dentro durante los 11 km que nos separaban del puerto.

¡Listo para la aventura!

Poco a poco se fue abriendo el cielo y cuando zarpamos lucía el sol en el estrecho de Gibraltar. Teníamos a nuestra derecha el Atlántico, a la izquierda el Mediterráneo, y delante de nosotros, exactamente a unos 30 km de navegación hasta el puerto de Tánger; África y muchos días para recorrer Marruecos.



Esperando para embarcar


Mi Vespa y la BMW de los Sas Pnuemàtics ya embarcadas
Los Sandra Bullock embarcando.

 
Los SoulCamper fueron los últimos.

El trámite fronterizo fue relativamente más sencillo que en otras ocasiones en el puerto de Tánger Med, aunque el punto caótico siempre está presente en estas fronteras, donde parece que todos estén haciendo su función por primera vez en su vida.

Fui el primero en cruzar al otro lado, y por fin pude relajarme mientras esperaba a otros compañeros que harían la misma ruta que yo hasta Chefchaouen. El sol picaba a esa hora, y el aroma de las especias con que se cocina inundaba la entrada a la ciudad imponiéndose al olor salado de la brisa marina. Poco a poco fueron llegando a cuentagotas los otros equipos y se nos fueron arremolinando a nuestro lado cambistas que nos preguntaban si queríamos dírhams. Cada vez éramos más, nosotros y ellos, pero la poca diferencia con respecto al cambio oficial que ofrecían en la sucursal bancaria del puerto, junto a la incertidumbre de cuánto tiempo tardarían los cambistas en traernos los más de 6.000 € en dírhams que queríamos cambiar entre todos, nos hizo decidirnos por hacer el trámite en el banco.




Ya con el hambre haciendo rugir las tripas, encabecé una caravana de tres motos y cinco coches por el frente marítimo en obras de Tánger, buscando la carretera de Tetúan. Guié al grupo de memoria hacia el distrito en el que se encuentra la estación de ferrocarril, y desde allí, por instinto, encontré la salida de la ciudad. Tras parar a repostar en las afueras, continuamos unos 8 km hasta encontrar una gasolinera rodeada de varios restaurantes. Buen sitio para elegir dónde comer. En el primero, con aspecto de local de comida rápida -se veían fotos de sándwiches e incluso ponía burguer en el cartel de la entrada-, sólo servían bebidas, con lo que terminamos en el típico restaurante con jardines y juegos infantiles, adecuado para todo tipo de celebraciones. Estaba vacío y tenía el aspecto de haber conocido tiempos mejores. Los jardines estaban descuidados y los columpios dañados y viejos. A los empleados, que a nuestra entrada languidecían como si fueran parte de la escenificación de ese local en decadencia, se les iluminó la sonrisa al ver aparecer un grupo de casi veinte españoles con hambre. A su ritmo, pusieron en marcha, todo el proceso de bar marroquí de carretera para darte de comer: primero alguien te pone los tapetes individuales de papel, hace otro viaje para traer los cubiertos, no necesariamente en un orden determinado o todos a la vez, a continuación se va y traerá los vasos. Mientras tanto, otro camarero que no para de dar órdenes a quien pone la mesa, toma nota de la comanda. Camareros marroquíes y comensales españoles que acaban de llegar a un país donde no saben si les gustará lo que sirven en el lugar. La combinación perfecta para eternizar el proceso. Bienvenidos a África: «¡Prisa mata!». Los que no somos primerizos en el tema, nos limitamos a sonreír y relajarnos: ¡El viaje ha empezado!

Tras la comida, ya con el atardecer avanzado, reiniciamos la marcha. Seguramente se nos hará de noche en los 100 km que nos separan del fin de la primera etapa, con lo que incumpliremos una de las reglas básicas cuando sales a países desconocidos y con peores carreteras: no conducir de noche. Tan al sur y en estas fechas del año, se reduce bastante el tiempo óptimo para conducir.

Consejo que ya expliqué en 2013

Y aquí es donde yo me olvidé del «¡Prisa mata!» y comencé a subir con demasiada alegría el primer puerto de la carretera N2 entre Tánger y Tetuán. En la bajada, tras el alto de El Fendek, la calzada estaba mojada de forma irregular, con agua cruzando la superficie en más de una curva. En una de ellas, mientras adelantaba a los Sandra Bullock Team, me encontré una mancha mojada e hice un recto. Primer susto.

Relajé la marcha, pero unos kilómetros más adelante en terreno llano, adelantando al coche de mi amigo Pau por el interior de una rotonda, me encontré con barro en la calzada y la moto se me fue de atrás. Caí al suelo y deslicé varios metros con el cuerpo estirado boca abajo. Mientras veía a mi izquierda el coche de Pau moverse demasiado cerca de mí y a Manuel Rubio, que me seguía de cerca, caer también de su moto, yo sólo pensaba «Se acabó el viaje, la has cagado, ¡muy bien!».

No recuerdo bien cómo lo hice, pero sé que me incorporé como una exhalación, levanté la moto en medio segundo y la guié al arcén sin detener el motor mientras preguntaba a Manuel si se encontraba bien. En ese momento tenía en la cabeza no montar un show interrumpiendo el tráfico y que Manuel, que llevaba la moto cargada hasta las trancas, no se hubiera hecho daño.

Por fortuna todo quedó en un susto, un rasguño en la manta de la Vespa y una buena abolladura en la parte trasera. Manuel tampoco se hizo nada grave, aunque se dañó la estructura en la que cargaba todo el material que traía para la ONG Camino al Sur.

Continuamos sin más incidentes hasta la entrada a Tetuán. A partir de aquí la carretera deja de tener dos carriles por sentido, se estrecha, y vuelve a discurrir entre montañas. Debido al tráfico, los motoristas dejamos atrás a los coches en pocos minutos. Un poco después se hizo totalmente de noche, a ratos llovía ligeramente y el tráfico era intenso y lento. No era el mejor escenario para los últimos 40 km.

Aun así fui avanzando entre camiones y otros vehículos lentos, seguido de cerca por Manuel Rubio y Tolo y Sílvia, los Sas Pnuemàtics. Más tarde supe que mientras yo pensaba que Manuel me “empujaba”, en realidad intentaba no despegarse de mí en cada adelantamiento que hacía. De forma que fuimos dejando atrás, de una manera muy tonta, a los Sas Pneumàtics.

Cuando por fin llegamos al desvío de entrada a Chefchaouen esperamos a Tolo y Sílvia y subimos juntos al centro del pueblo a buscar dónde aparcar. Por el camino nos encontramos con otros participantes del Desafío en las Dunas (Llerena Senior y Mario Guerrero junto con su coche de apoyo), que habían salido mucho más temprano que nosotros para hacer todo el recorrido por pistas. Llegábamos a destino al mismo tiempo.

Aparcamos las motos en el aparcamiento más céntrico y, mientras Tolo y Manuel sacaban sus equipajes de las motos y negociaban con los vigilantes del aparcamiento, yo me fui de expedición con Sílvia a buscar el riad Nerja, que tenía reservado para mi grupo, y otro para ellos tres.

Tras un día en el que a pesar de conducir poco más de dos horas se nos había hecho largo, ya estábamos en el bello pueblo azul del Rif. Era de noche pero aún buena hora para instalarnos mientras iba llegando el resto de mis compañeros de viaje, dar un paseo por las calles siempre atestadas del pueblo y reponer fuerzas, como siempre, frente a la alcazaba: ¡cous-cous y tajine para todos!



Continúa AQUÍ: DÍA 4.

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